Sábado por la tarde y en la ciudad de Querétaro teníamos un partidazo entre los Gallos Blancos y las Águilas del América. Desde horas antes del silbatazo inicial ya se sentía un ambiente diferente en los alrededores del Estadio Corregidora.
Familias enteras caminando rumbo al estadio, camisetas azul y negro — y unas cuantas amarillas— por todos lados, vendedores ambulantes preparando sus puestos y la clásica charla futbolera en cada esquina. Era uno de esos días donde la ciudad parece detenerse un momento para mirar hacia su equipo.
Un estadio que volvió a sentirse lleno
Había un ambientazo en la Corregidora y la asistencia lo demostraba. Se trataba del partido con más afición hasta el momento en Querétaro: 29,338 personas se dieron cita para el partido correspondiente a la jornada 10.
Y aunque se esperaba que el estadio se pintara de amarillo por la afición azulcrema, la realidad fue diferente. Si bien es cierto que había bastante gente apoyando al visitante, los queretanos no se quedaron para nada atrás.
Los cánticos de la afición local se escuchaban fuertes en varios sectores del estadio, recordando que la casa es de Gallos.
“Aquí se respeta la localía”
Al término del encuentro, un aficionado albiazul lo resumía con una frase sencilla pero muy clara:
“Se pensaba que nos invadirían, pero nada que ver. Hoy demostramos que se respeta la localía y nuestra cancha, a pesar de que no nos acompañó el resultado”.
Una declaración que reflejaba el sentimiento de muchos de los presentes. Porque más allá del marcador, la afición se hizo sentir.
La afición vuelve a creer
En la tarde del sábado quedó algo claro: la afición queretana está volviendo a creer en el equipo y en el proyecto.
Aunque en este torneo los puntos no estén acompañando del todo, el respaldo desde las gradas empieza a sentirse otra vez. La gente volvió, volvió a cantar y volvió a empujar.
Será cuestión de tiempo para que volvamos a ver al Estadio Corregidora completamente repleto, como en aquellas noches donde el fútbol en Querétaro se vive con el corazón en la mano.
Porque si algo quedó claro este fin de semana, es que la pasión por Gallos sigue viva.








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