En el corredor de la calle 60, mientras turistas con cámaras de última generación persiguen la luz perfecta, don Luis, vendedor local de tortillas, frunce el ceño:
“Antes la ciudad era nuestra… ahora nos sentimos como turistas en nuestro propio hogar.”
Y no exagera.
Turismo en Mérida: ¿bendición o maldición?
Durante años, Mérida, Yucatán, ha sido vendida —y comprada— como el nuevo destino de ensueño del sureste mexicano.
La arquitectura colonial, la seguridad que presume constantemente y el ritmo de vida aparentemente relajado han atraído a viajeros nacionales e internacionales, así como inversiones inmobiliarias voraces.
Los hoteles boutique brotan como hongos, las rentas se disparan y las calles del centro histórico se llenan de bicicletas eléctricas y cafés de lujo.
Frases textuales destacadas
- “Mérida está viviendo un boom que pocos entienden” — empresario hotelero.
- “Aquí ya no somos vecinos… somos servicio” — residente del centro histórico.
- “La ciudad perdió identidad por unas fotos bonitas” — artista local.
Impactos sociales y económicos
Lo que algunos celebran como éxito turístico, otros lo viven como desplazamiento social disfrazado de prosperidad.
Los precios de vivienda han subido más rápido que los salarios locales.
Los jóvenes emigran a comunidades periféricas, y los centros culturales tradicionales ahora compiten con tiendas de ropa y coctelerías para “influencers”.
Implicaciones ciudadanas y rumbo a 2027
Este fenómeno no es ajeno al tablero político nacional.
La transformación de ciudades mexicanas en destinos turísticos ha sido parte de discursos de desarrollo en partidos de todos los colores.
Pero las consecuencias sociales —desigualdad, gentrificación, pérdida de identidad— abrirán debates clave rumbo a 2027 sobre quién gobierna realmente: ¿la ciudadanía o los intereses económicos?
Si Mérida sirve de ejemplo, México tendrá que decidir si quiere ciudades para gente… o para visitas efímeras y rentistas.
Historias que revelan la tensión urbana
María, maestra de escuela, ve cómo varias de sus alumnas han cambiado de barrio porque sus familias ya no pueden costear el alquiler.
A pocas cuadras, inversionistas extranjeros compran casonas centenarias para convertirlas en hostales premium.
Reflexión crítica
Los turistas llegan, toman fotos hermosas y se van.
Pero la gente que vive en Mérida no solo quiere postal: quiere ciudad habitable, con identidad, espacio público y futuro.
El turismo puede ser riqueza… si no se convierte en pulpo que ahoga la vida cotidiana.
✍️ Contenido original de EsAhoraAm.com — Periodismo crítico, independiente y ciudadano.




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