¿De verdad fueron críticos del sistema… o solo no les dieron el cargo que querían? Los que ayer aplaudían al poder hoy se visten de moralistas. Yo no cambié mis convicciones. Fui parte del sistema, lo enfrenté como independiente y sé cómo opera desde dentro. Esta es mi historia. Y mi advertencia rumbo a 2027.
En política hay personajes que aparecen cada cierto tiempo con un discurso moralista y grandilocuente. Se presentan como críticos, analistas, estrategas, “defensores del pueblo”.
Pero cuando observas su trayectoria, te das cuenta de algo sencillo:
nunca han servido a nadie.
Y cuando intentaron hacerlo, fue solo para buscar una candidatura.
Cuando no se las dieron, empezó el recorrido conocido:
PRI → PAN → coqueteo con MORENA → vuelta a la “crítica feroz”.
No por convicción.
No por proyecto.
Sino porque ahí creyeron ver poder.
Y ahora, con todo cinismo, juran que “siempre fueron críticos del sistema”, que “desde adentro señalaban todo”.
La verdad es otra: callaron, aplaudieron y negociaron… mientras pensaron que podían sacar provecho.
Yo no cambié mis convicciones
Quienes me conocen lo saben —me lo han dicho muchas veces—:
me he mantenido en mis convicciones, en mi forma de escribir y en mis afinidades políticas.
He coincidido, he discrepado, he señalado y también he reconocido avances.
Pero jamás he vendido mis ideas.
No he cambiado de bandera según sopla el viento.
No he fingido ser algo distinto para ganar favores.
Y hablo desde la experiencia, no desde el resentimiento.
Fui funcionario… y también víctima del sistema
Conocí el sistema desde adentro.
Y también conocí su castigo:
Cuando no aceptas entrar al juego de favores,
cuando no aceptas negociar tu ética,
cuando decides actuar por convicción…
el sistema te aísla, te empuja, te expulsa.
Pero en vez de callarme, decidí ir más lejos.
Me lancé como candidato independiente para evidenciar la simulación
En 2015 participé como candidato independiente.
No para sentirme político.
No para buscar privilegios.
Sino para evidenciar lo siguiente:
➡️ La tan anunciada “apertura democrática” era, en realidad, una trampa legal diseñada para proteger a los partidos.
La ley decía:
Tenías un mes para recolectar firmas ciudadanas.
Difícil, pero posible.
Lo inverosímil, lo mañoso, lo tramposo fue esto:
👉 cada ciudadano que firmara
👉 debía, en ese mismo mes,
👉 trasladarse a las oficinas electorales
👉 para ratificar su firma.
Imagínense a alguien de la sierra queretana viajando hasta la capital, tomando tiempo, dinero y transporte… solo para ratificar una firma.
IMPOSIBLE.
Ese requisito no era democrático.
Era un candado.
Era corrupción con traje legal.
Y participé precisamente para exponerlo.
Mientras tanto, los oportunistas se reinventan
Por eso resulta tan hipócrita ver hoy a tantos “analistas” y “políticos” reinventados:
Ayer aplaudían al poder.
Ayer buscaban cargos.
Ayer se vendían como expertos electorales.
Hoy, como ya nadie los considera,
se convirtieron —de un día para otro—
en los más duros críticos del país.
Políticos que ya nadie convoca… y ahora son expertos en todo
Son fáciles de identificar:
-
Antes querían estar en todas las fotos.
-
Antes ofrecían sus servicios a quien gobernara.
-
Antes tocaban puertas.
Pero cuando dejaron de ser útiles,
cuando ya nadie los convoca…
de pronto “descubrieron la conciencia”.
Ahora opinan de todo.
Se declaran víctimas del sistema.
Se presentan como oráculos de la verdad.
Ni investigan.
Ni proponen.
Ni sirven.
Solo sobreviven hablando mal de todos.
Los “comentócratas” del chisme
A su lado, aparecen los que se dicen periodistas porque escriben una columna.
No investigan.
No documentan.
No contrastan fuentes.
Publican rumores, repiten lo que escuchan en cafés y grupos de WhatsApp, y cuando se les pide evidencia, responden:
“Mis fuentes son confidenciales.”
En realidad, sus “fuentes” son chismes acomodados.
Ayer alababan al partido que querían que los contratara.
Hoy lo critican con furia porque nunca los contrataron.
Eso no es periodismo.
Es negocio personal.
A quien le quede el saco…
Estos personajes existen en todo el país:
-
rastreros cuando conviene,
-
sumisos cuando huelen poder,
-
valientes cuando ya no reciben nada,
-
“analistas” cuando buscan micrófono.
Y sí:
a quien le quede el saco, que se lo ponga.
Yo elegí otro camino:
✔️ crítica con argumentos
✔️ periodismo con evidencia
✔️ convicción por encima de conveniencia
✔️ participación pública como servicio, no como botín
Fui funcionario.
Fui candidato independiente.
Fui testigo y víctima del sistema.
Y aún así, sigo diciendo lo mismo:
👉 La democracia no se construye con oportunistas.
👉 Se construye con ciudadanos conscientes, informados y críticos.
Que cada quien decida
en quién confiar
y con quién —simplemente— no vale la pena hablar.
EsAhoraAM.com | Opinión editorial 2026









Discussion about this post