La inteligencia artificial promete transformar la salud, la educación y las políticas públicas. Sin embargo, su expansión también puede profundizar la desigualdad y aumentar la presión sobre el agua, la energía y los ecosistemas.
Así lo advirtió la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena Ibarra, durante la Segunda Reunión de Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano.
Bárcena llamó a construir una gobernanza multilateral que impida que esta tecnología quede dominada exclusivamente por las grandes potencias, empresas y paradigmas occidentales.
“La inteligencia artificial tiene que ser vista como parte de esa historia humana”, sostuvo. Agregó que esta tecnología no surgió fuera de la humanidad, sino del conocimiento acumulado durante generaciones.
La IA refleja las decisiones humanas
La funcionaria rechazó la idea de que la inteligencia artificial sea una fuerza independiente de las personas. Subrayó que detrás de sus respuestas, criterios y sesgos existen decisiones humanas.
“Es un espejo construido, que no decide; los que deciden son los programadores”, afirmó.
Por ello, señaló que América Latina y el Caribe tienen la responsabilidad de incorporar sus propias culturas, conocimientos y formas de entender el mundo.
Bárcena advirtió que los sistemas actuales pueden reproducir principalmente la visión de los países desarrollados. Esto podría dejar fuera saberes indígenas, comunitarios y regionales.
En este contexto, destacó la participación de figuras como Rigoberta Menchú y del antropólogo Néstor García Canclini en la reflexión sobre el desarrollo tecnológico.
Inteligencia artificial para la salud y la educación
La secretaria defendió la construcción de una inteligencia artificial “virtuosa”, capaz de ampliar el conocimiento y complementar las capacidades humanas.
Planteó que debe utilizarse para:
- Acelerar descubrimientos científicos.
- Mejorar los servicios de salud.
- Fortalecer la educación.
- Prevenir desastres.
- Diseñar mejores políticas públicas.
- Facilitar la comunicación entre las personas.
No obstante, advirtió que estas herramientas no deben sustituir el pensamiento crítico ni debilitar las capacidades humanas.
“No basta con formar especialistas, necesitamos personas críticas”, expresó.
También cuestionó la confianza absoluta en plataformas como ChatGPT. Señaló que los usuarios deben aprender a identificar aquello que una herramienta tecnológica no conoce o no puede responder.
Centros de datos presionan el consumo eléctrico
Uno de los puntos más fuertes del mensaje fue el impacto ambiental provocado por la infraestructura digital.
Bárcena indicó que los centros de datos consumieron aproximadamente 405 terawatt-hora de electricidad durante 2024. Esa cantidad representaría alrededor del 1.5% del consumo eléctrico mundial.
De acuerdo con las cifras expuestas por la secretaria, Estados Unidos concentra el 45% de esta infraestructura; China, el 25%, y Europa, el 15%.
La concentración tecnológica también evidencia la brecha entre las grandes potencias y el sur global.
“Si nosotros vamos a entrar de lleno en los centros de datos, tenemos que ver qué vamos a hacer con nuestros recursos”, advirtió.
La huella hídrica de la inteligencia artificial
El funcionamiento de los centros de datos requiere grandes cantidades de agua para evitar el sobrecalentamiento de los servidores.
Bárcena señaló que las proyecciones internacionales estiman una huella hídrica de entre 4 mil 200 y 6 mil 600 millones de metros cúbicos hacia 2027.
Según la comparación presentada durante su intervención, este volumen equivaldría a entre cuatro y seis veces el consumo de agua de la Ciudad de México.
El desafío resulta especialmente delicado para México y América Latina, donde varias ciudades enfrentan sequías, sobreexplotación de acuíferos y deficiencias en el suministro.
La funcionaria sostuvo que la instalación de nuevos centros de datos deberá analizarse considerando la disponibilidad regional de agua y energía.
“No hay un planeta B”
Bárcena afirmó que la prosperidad humana dependerá de ecosistemas sanos, instituciones sólidas y tecnologías subordinadas al bienestar de las personas.
Además de eficiencia, inversiones y nuevos empleos, pidió garantizar una protección genuina de los derechos humanos durante la era digital.
También llamó a vincular la regulación tecnológica con acuerdos internacionales como la Agenda 2030 y el Pacto para el Futuro.
La secretaria concluyó con una advertencia dirigida a gobiernos, empresas y desarrolladores: ninguna innovación será suficiente si continúa la destrucción ambiental.
“Con toda la inteligencia artificial, no hay un planeta B, sólo hay uno”, sentenció.
La discusión ya no consiste solamente en determinar qué puede hacer la inteligencia artificial. México también deberá decidir cuánta agua, energía y territorio está dispuesto a utilizar para sostener su crecimiento.








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